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EL INGENIOSO LAUDISTA D. QUIXOTE

Los amantes de los instrumentos de plectro, y más concretamente los laudistas tenemos el orgullo y privilegio de poder contar entre nuestros compañeros a dos ilustres personajes, D. Miguel de Cervantes y su intemporal Don Quijote de la Mancha.

En la “Historia de la Música Española” escrita en 1856 por M. Soriano Fuertes se cita que muy probablemente Miguel de Cervantes, -del que este año cumplimos 401 años de su fallecimiento- supiera tocar la vihuela y entendiera perfectamente la música, y que si bien no se podría afirmar con rotundidad, si que es sabido que era amante a ella como lo prueban los continuos elogios que en sus obras le prodiga. Sí que es seguro que en casa de su padre el cirujano Rodrigo de Cervantes existía una vihuela tal y como recoge el inventario de sus bienes.

Muchos han sido los estudios sobre la música en los textos de Cervantes y especialmente en su Quijote, destacando sobre manera los realizados por el que fuera mi profesor en la Universidad D. Juan José Pastor Comín. En este pequeño artículo haremos referencia a una publicación de Pepe Rey “laudes, vihuelas y cencerros para don Quijote”, donde se hace referencia al uso del laúd por parte de Don Alonso Quijano:

quijote

En el capítulo XLIV de la segunda parte nuestro más afamado hidalgo es objeto de una serenata burlesca –aunque muy real y verdadera para él– a cargo de Altisidora, una jovencísima doncella de la condesa en cuyo castillo se hospeda:

Y en esto se sintió tocar una harpa suavísimamente. Oyendo lo cual quedó don Quijote pasmado, porque en aquel instante se le vinieron a la memoria las infinitas aventuras semejantes a aquella, de ventanas, rejas y jardines, músicas, requiebros y desvanecimientos que en los sus desvanecidos libros de caballerías había leído. Luego imaginó que alguna doncella de la duquesa estaba dél enamorada […]

Al día siguiente –y dos capítulos más adelante– don Quijote cree necesario corresponder con la misma moneda para dejar aclarado el asunto, a la vista de los desmayos y sofocos de la pobre muchacha. Para ello pide a una compañera de esta lo siguiente:

–Haga vuesa merced, señora, que se me ponga un laúd esta noche en mi aposento, que yo consolaré lo mejor que pudiere a esta lastimada doncella; que en los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados.

El lector atento no debería sorprenderse al ver aparecer esta nueva faceta de don Quijote como tañedor de laúd, porque ya en el capítulo XXIII de la primera parte, en medio de Sierra Morena, el caballero había explicado a su escudero que

todos o los más caballeros andantes de la edad pasada eran grandes trovadores y grandes músicos; que estas dos habilidades, o gracias, por mejor decir, son anexas a los enamorados andantes.

Don Quixote no exageraba demasiado en este punto, si releemos las historias de otros caballeros andantes como Amadís de Gaula (1508), Palmerín de Olivia (1511), Roldán y Reynaldos (1550), Eleno de Dacia (1580)…

A la vista de tal abundancia de caballeros andantes laudistas resulta del todo congruente la petición de don Quijote: el laúd es el instrumento que debe tañer un caballero de su categoría. Así lo entienden Altisidora y su compañera:

–Menester será que se le ponga el laúd, que sin duda don Quijote quiere darnos música, y no será mala, siendo suya.

Y así se lo comunican a su señora, la duquesa. Sin embargo, aquella noche las cosas no sucedieron exactamente del modo previsto, porque en la escenificación real hubo un cambio significativo:

Llegadas las once horas de la noche, halló don Quijote una vihuela en su aposento; templóla, abrió la reja, y sintió que andaba gente en el jardín; y, habiendo recorrido los trastes de la vihuela y afinándola lo mejor que supo, escupió y remondóse el pecho, y luego, con una voz ronquilla, aunque entonada, cantó el siguiente romance, que él mismo aquel día había compuesto:

–Suelen las fuerzas de amor sacar de quicio a las almas, tomando por instrumento la ociosidad descuidada […]

La transmutación del laúd solicitado en la vihuela encontrada ocurre sin que el autor, en calidad de narrador o traductor o por boca de cualquiera de sus personajes, muestre necesidad de dar explicación alguna. Sin embargo han sido muchas las explicaciones buscadas y expresadas por diferentes autores en relación a este cambio y el uso o no de estos instrumentos en la España Cervantina. (Si quiere conocer más acerca de ello le recomendamos que lea completamente el artículo de Pepe Rey cuyo enlace facilitamos al final del artículo).

Mientras el laúd y la vihuela apenas aparecen alguna otra vez en el texto, la guitarra es el instrumento de más abundante presencia en toda la obra cervantina. La vihuela y el laúd se sitúan junto a don Quijote en la escena comentada aquí, porque como él, son representantes de una época y unos valores ya caducos que intentan sobrevivir infructuosamente en unos tiempos que ya no son los suyos, sino los tiempos de la guitarra, “el más mañero y menos costoso de los instrumentos”.

Artículo de Pepe Rey

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